La Habitación de Llorar

   Cuando las cosas en nuestras empresas nos salen bien, todos tendemos a considerarnos una mezcla entre Superman y Tarzán. Sin pensarlo mucho, llamamos pomposamente “estrategia” personal a la causa de los buenos resultados, y nos achacamos (dándonos en privado puñetazos en el pecho, al estilo King Kong, mientras miramos al cielo con ojos extraviados), directamente, sin más zarandajas, el éxito del proyecto.

   El problema empieza cuando las cosas salen mal.

   Entonces, la tendencia más conocida es buscar fervientemente cuáles son las causas externas del desastre, para cazar de manera inmisericorde al culpable. Tan fervientemente lo hacemos, que no paramos hasta localizar la procedencia y el origen “real” de nuestras desdichas. Origen que suele ser: a) el equipo de colaboradores que nos rodea; b) la “competencia desleal”, que tira los precios por los suelos, sin que podamos explicarnos cómo lo hace; o c) o cualquier otra causa más abstracta: el Gobierno, la crisis, o las “fuerzas del mal”, por poner tan solo unos cuantos ejemplos al uso.

   La clave de todo esto está —creo yo— en reconocer, primeramente, la naturaleza del problema (cosa que suele ser el comienzo de la solución) y nuestra absoluta responsabilidad sobre el resultado adverso, como directivos máximos o como dueños de nuestro negocio que es lo que somos; y, también, además, en tratar de buscar cuanto antes soluciones mínimamente razonables.

   Muchos directivos me preguntan: ¿Qué debo hacer cuando esto sucede?…

   Yo les contesto: ¿Qué es lo que se te ocurre?… Porque, para míquesólo podemos hacer dos cosas: o nos metemos cuanto antes en “la habitación de llorar” o… hacemos algo.

   Algo sé yo de ello, porque, precisamente, esta expresión: Hacer Algo es el título de una conferencia estándar que dicto ante auditorios numerosos con una cierta frecuencia. Al menos, cada vez que me lo piden, claro.

   En ella, comento a la audiencia las exiguas ventajas de la primera alternativa.

   Eso sí, a fuer de sinceros, les confieso que yo también he estado alguna que otra vez en esa tesitura. Y que conozco la “habitación de llorar” por propia experiencia. Pero ya les advierto, asimismo, de que los resultados de esta terapia lacrimógena son bastante insatisfactorios. Uno se desahoga algo, es verdad, pero si las cosas iban mal antes de esa especie de “mini-vacaciones”, al salir del “recinto húmedo”, las cosas siguen igual o han ido, incluso, a peor.

   Por lo tanto, concluyo desaconsejándoles tan ineficaz tratamiento de su enfermedad, y les sugiero dirigirse de cabeza a la otra opción; es decir, Hacer Algo. Algo distinto de lo que ya hacíamos, claro, porque, si no ponemos en marcha otras cosas diferentes de las mismas que ya practicábamos antes del “diluvio”, habrá que concluir que tienen razón quienes afirman que Es locura hacer lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes—¡Cómo no!… ¡Por supuesto!…— positivos; frase atribuida a Albert Einstein, a Mark Twain o a Benjamin Franklin, siempre erróneamente.

   Sea de quien fuere la frase (parece que una posible fuente más cierta sería la poeta y novelista estadounidense, Rita Mae Brown, en su novela Sudden Death [Muerte súbita], escrita en 1983, aunque también es posible que la frase ya existiera desde mucho antes…), habrá que concluir que Se non è vero, è ben trovato, como dicen los italianos, frase esta que, según parece —ahora sí—, fue escrita por el famoso visionario, astrónomo y filósofo Giordano Bruno, fatalmente culpado de herejía por la Inquisición italiana, en los albores del siglo XVII.

   Supongamos, entonces, que estamos todos de acuerdo en que tenemos que  “hacer algo”. Pero, claro, no se trata tan solo de hacer cosas por hacer: habrá que hacer algo distinto e inteligente ¿no?…

   Y aquí es cuando entramos nosotros.

   En mi pasado profesional yo tenía unas teorías nada descabelladas para curar estos males, pero de una carga teórica difícil de llevar a la práctica, si no era de la mano del propio asesor de empresas que yo era.

   Pero, yo ya no soy eso. Ahora soy Coach de Negocios de la empresa número 1 del mundo: Action Coach. Y ahora ya sé lo que tengo que proponer a los dueños de los negocios. Es muy sencillo para mí ahora decírselo, pues es, exactamente, lo mismo que pone en la Home de mi propia página web:

   Si estás interesado en darle un nuevo enfoque a tus ideas y a tus proyectos, si sientes a menudo la soledad del empresario, y si crees que tu empresa puede mejorar gracias al apoyo de profesionales que te ayuden a resolver tus dudas y a solucionar las dificultades de tu negocio, llámanos o contacta con nosotros. Estamos a tu entera disposición, para que puedas aprovechar y capitalizar nuestros conocimientos y nuestra experiencia, enfocados directamente a tu negocio, para lograr la mejor versión de ti mismo y de tus proyectos empresariales.

   Y añado:

   Te entrenaremos para comprender y sacar todo tu potencial, dándote conocimiento, herramientas, visión, motivación y para que asumas el reto de llevar a tu negocio y a ti mismo al siguiente nivel.

   Para, finalmente, poder disfrutar de los beneficios financieros y del estilo de vida que vendrá con los buenos resultados.

  • Mariela Grasso

ActionCOACH

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junio 29th, 2018|Coachiing|Sin comentarios

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